Richard Avedon
Según Richard Avedon (seguramente el fotógrafo de retratos más famoso del siglo XX) “mis fotografías no traspasan la superfície. No van más allá. Son lecturas de la superfície. Y tengo una gran confianza en las superfícies; si es buena está llena de indicios”. Para Avedon, la superficie, el exterior, es suficientemente rico en pistas de algo más profundo, de algo invisible de lo que se puede encontrar, sin embargo, indicios en los rostros de las personas. Por este motivo, no le interesa fotografiar gente joven (“los jóvenes no me conmueven, raramente encuentro algo bello en un rostro joven”). Para Avedon, obsesionado con el rostro humano, la superficie, la piel, tiene que haber vivido. Tiene que mostrar trazos de una personalidad moldeada por una vida rica y debe mostrar alguno de estos trazos de carácter al observador. Avedon destaca, así pues, la importancia del observador en la interpretación y expresión de una imagen. Su habilidad para destacar los trazos visibles de los rotros y que son expresión de una realidad de carácter no evidente.
La fotografía, y sobretodo el retrato fotográfico, es la prueba última de nuestra mortalidad y se convierte así tanto en un símbolo de vanidad mundana como en un memento mori. Avedon estaba fascinado, en última instancia, por la muerte y ello se ve reflejado en su trabajo, que oscila entre la fotografía glamurosa de moda y el retrato sin piedad de celebrities de sus obras más personales. [Marcel Feil, Foam Magazine #17]